El Hierro, un destino turístico y vacacional envidiable
febrero 26, 2012
Juan Carlos Díaz Lorenzo
El Hierro sigue siendo la isla encantadora de siempre y bien merece una visita para disfrutar de su naturaleza, de su gastronomía y, sobre todo, de la tradicional hospitalidad de sus gentes. En El Hierro reina la paz y la tranquilidad que le caracteriza y la razón última de la erupción del volcán submarino que acontece en el Mar de las Calmas se convierte en un atractivo más, a los tantos y tan demostrados que ya tiene la isla.
Atendiendo a una amable invitación del Cabildo Insular de El Hierro, una nutrida representación formada por 34 colegas del Cuerpo Consular acreditado en Santa Cruz de Tenerife y en Las Palmas viajamos el 22 de febrero, miércoles de ceniza, a la Isla del Meridiano o Séptima Isla, como la denominaba el entrañable y siempre bien recordado cronista herreño José Padrón Machín.
Ha sido, además, la primera visita institucional consular en Canarias, y lo hemos hecho con la convicción y el deseo de que se produzca la necesaria reactivación económica de la isla, que depende, y mucho, del turismo. Vuelo muy agradable a bordo de un avión de Binter Canarias, que colabora con El Hierro en una campaña de promoción denominada “Tu cariño vuela”, acompañados de algunos medios de comunicación extranjeros.
En el siguiente enlace los lectores podrán acceder al artículo completo.
Fotos: NASA, Juan Carlos Díaz Lorenzo, INVOLCAN
Sauli Niinistö y el deseo de una “bella Finlandia”
febrero 6, 2012
Juan Carlos Díaz Lorenzo
La segunda vuelta electoral eleva a Sauli Niinistö y al Partido Conservador (Kokoomus) a la Presidencia de la República de Finlandia. El triunfo estaba augurado de antemano en todas las encuestas. Se trata de un resultado histórico, que consolida la trayectoria seguida desde la victoria de su partido en las elecciones legislativas de 2011, de forma que después de obtener la Jefatura del Ejecutivo, ahora realza su proyección con la Jefatura del Estado. Es un hecho sin precedentes en la historia del país, ya que es la primera vez que ello ocurre desde la independencia en 1917.
Sauli Niinistö es un hombre de perfil europeísta. Las urnas le han dado el 62,8 % de los votos, el doble que los obtenidos por su inmediato rival, Pekka Haavisto, representante de Los Verdes, que obtuvo el 37,2 %. Y eso que en las elecciones de abril de 2011, el considerable avance de los euroescépticos representado por Timo Soini, presidente de Verdaderos Finlandeses –tercera fuerza más votada entonces-, hizo temer un cambio brusco. No ha sido así. La victoria de Niinistö supone un espaldarazo a la actual política del gobierno de coalición dirigido por el primer ministro y líder conservador, Jyrki Katainen.
Han transcurrido dos semanas de campaña que han sido un ejemplo del respeto existente entre los candidatos, aunque no ha sucedido lo mismo en las redes sociales, donde el debate ha sido mucho más agrio. La homosexualidad declarada de Haavisto, unido por lo civil a un peluquero ecuatoriano desde 2002, se convirtió en su mayor desventaja a la hora de ganarse las simpatías de los votantes de las zonas rurales y de los ciudadanos de más edad.
Tras reconocer su derrota, el candidato ecologista, favorito del electorado de izquierdas y de los jóvenes menores de 30 años, negó sentirse decepcionado con el resultado, pues en su opinión, tanto él como sus colaboradores no sólo han hecho una buena campaña sino que han quintuplicado el apoyo a su partido. “Esta campaña va a dejar una profunda huella en la política finlandesa, porque hemos logrado que se hable de la tolerancia y de los excluidos de nuestra sociedad”, dijo.
Niinistö ha contado con el apoyo mayoritario de los electores conservadores, centristas, democristianos y ultranacionalistas, lo que permitió alcanzar la victoria más amplia en unas elecciones presidenciales desde que se instauró el sufragio directo en 1994.
“Durante mi presidencia –afirma- no va a haber una revolución en la política exterior de Finlandia. Vamos a mantener una posición estable dentro de la UE y a reforzar la cooperación con Rusia y con nuestros vecinos nórdicos. Durante los años que he participado en política siempre he admirado a la gente que ha trabajado por mis candidaturas. Ahora es mi turno de trabajar por ustedes. Haremos, todos juntos, una bella Finlandia”.
Sauli Niinistö (Salo, 1948), abogado, entró en política activa cuando había cumplido algo más de 30 años y resultó elegido parlamentario en 1987. Desde entonces, su carrera ha sido notable. Nombrado en 1994 presidente del Partido Conservador, en 1995 llevó a su partido a un gobierno de coalición con los socialdemócratas, etapa en la que asumió el Ministerio de Justicia (1995-1996) y el Ministerio de Economía (1996-2003). A su iniciativa, Finlandia adoptó el euro y se desmarcó del resto de países nórdicos, que optaron por mantener sus propias monedas, caso de Suecia y Dinamarca, o por permanecer fuera de la UE, como sucede con Noruega e Islandia.
En la década de los noventa, cuando Finlandia vivió una severa crisis económica, Niinistö fue acusado del desmantelamiento del estado del bienestar de que disfrutaba entonces el país. Su respuesta fue clara: hasta su llegada al Ministerio de Economía, un tercio del presupuesto del Estado era financiado con préstamos y a partir de entonces se impuso el saneamiento de la economía, con ajustes drásticos no siempre bien entendidos.
Es un firme defensor de la pertenencia de Finlandia a la eurozona, a pesar de la grave crisis de la deuda que sufre la Unión Europea y al coste de los rescates de países con problemas financieros, principal motivo del fuerte aumento del euroescepticismo entre los ciudadanos finlandeses. En los últimos meses, Finlandia se ha vuelto más exigente y crítica con sus socios europeos, lo que ha originado algunas tensiones en Bruselas.
Es un candidato paciente, al que sus oponentes definen como “obstinado y calculador”. Ha esperado al menos doce años hasta alcanzar la presidencia de la República. En las elecciones de 2006, y contra todo pronóstico, estuvo a un palmo de arrebatarle la reelección a Tarja Halonen, por un estrecho margen de sólo tres puntos.
Ahora, Sauli Niinistö lo ha conseguido y el Partido Conservador vuelve a la Presidencia de la República, lo que no lograba desde 1956, cuando ganó Urho Kekkonen (Unión Agraria, luego Partido del Centro) y, al mismo tiempo, pone fin a tres décadas de hegemonía socialdemócrata en la jefatura del Estado, representada por Mauno Koivisto (1982-1994), Martti Ahtissari (1994-2000) y Tarja Halonen (2000-2012).
Sauli Niinistö y el líder socialdemócrata Paavo Lipponen, derrotado en la primera vuelta, son considerados los artífices de la inserción de Finlandia en la Unión Europea y en la eurozona. Entre 1998 y 2002 Niinistö fue presidente del PP europeo y en 2003 fue designado presidente honorario. Durante cuatro años, hasta 2007, fue vicepresidente del Banco Europeo de Inversiones.
El duodécimo presidente de la República de Finlandia releva a Tarja Halonen –primera mujer en acceder a la más alta magistratura de Finlandia-, que ha permanecido doce años en el cargo, el máximo permitido por ley. Bien es verdad que el sistema político finlandés convierte a su presidente –cargo instituido en 1919- en una figura simbólica excepto en materia militar y de política exterior, aunque siempre está considerado un factor de influencia sobre la opinión pública.
Dicen que es un hombre de carácter introvertido a quien la sombra de la tragedia marca su vida privada. En 1995, cuando hacía campaña para el Parlamento, su esposa falleció en un accidente de tráfico. En la Navidad de 2004, estando de vacaciones en Tailandia con sus dos hijos, fue sorprendido por el devastador tsunami del que lograron sobrevivir de milagro. En 2009 contrajo matrimonio con Jenni Haukio, jefa de prensa del Partido Kokoomus, 25 años más joven.
Einojuhani Rautavaara
febrero 2, 2012
Juan Carlos Díaz Lorenzo
A partir de los años sesenta del siglo XX, la ópera finlandesa tomó un nuevo giro y comenzó a alejarse paulatinamente de las raíces nacionales. La principal producción de esta década fue la ópera Kaivos [La Mina, 1963], obra del compositor Einojuhani Rautavaara [n. 1928], que se representó en la televisión finlandesa el mismo año de su estreno.
En Rautavaara influyen, de una parte, la admirada figura de Sibelius, los rusos Shostakovich y Prokofiev, Bartok y su sublimación musical del folklore, una reconocida predilección por los maestros franceses del siglo XX, especialmente Debussy y Messiaen; y el magisterio centroeuropeo de Vogel, intermediario que le acerca al expresionismo vienés. Todas estas influencias proporcionan una vasta sabiduría a Rautavaara, como fórmula para contar sus peculiares historias musicales.
“Casi todas las obras de Rautavaara –explica Juan Hitters- esconden una personalísima motivación, una vivencia personal, una imagen, un poema, un sueño, argumentos más que suficientes para dar rienda suelta a la expresión musical. Uno de sus temas de inspiración es el de los ángeles; se diría que el símbolo angélico representa un espacio fronterizo, un vértice donde la misma realidad tiene dos rostros, uno bello y otro siniestro”.
Rautavaara suele utilizar una gran variedad de recursos expresivos y el desarrollo de una armonía modal, tan apreciadas por los compositores nórdicos, que aporta una atmósfera específica de indudable magnetismo.
Kaivos tiene un fuerte carácter expresionista y se identifica con la gran tradición operística del siglo XX. Considerada una de las obras finlandesas más importantes, está escrita en una rigurosa técnica dodecafónica, acorde con la faceta de su autor, que se prolongaría durante una década.
A comienzos de los ochenta, Rautavaara alcanzó una síntesis de su estilo de composición en el que rechazó lo que él denominaba esquemas modernistas. Una de las claves de este cambio la encontró en las obras basadas en el Kalevala, alcanzando la cima en la ópera Thomas [1985], en tres actos, en la que se aprecia el cambio cultural ocurrido al diluirse la cultura kalevaliana en la europea.
En la siguiente ópera de Rautavaara, titulada Vincent [1987], basada en la vida de Vincent van Gogh, el personaje retrata a un hombre que vive la última fase de su vida. En medio de cambios de tiempo y de alucinaciones, la trama se desenvuelve en diversos planos temporales entre el presente y el pasado.
La ópera de cámara Auringon talo [La casa del sol, 1990] afirmó el cambio estilístico emprendido por el compositor, en el que la melodía de la parte cantada adquiere más importancia. Precisamente, este aspecto toma aún mayor protagonismo en la ópera Alexis Kivi [1996], argumento de las vicisitudes del citado escritor nacional finlandés.
Einojuhani Rautavaara es el único compositor cuya producción operística abarca todo un período de grandes cambios en la vida operística de Finlandia. Kaivos fue una obra precursora en la década de los sesenta. Thomas y Vincent fueron creadas en los años setenta y ochenta, cuando Finlandia vivía el “boom” de la ópera. Las obras Auringon talo y Alexis Kivi nacieron en la década de los noventa y junto a las precedentes contribuyeron a estrechar vínculos entre la vida musical finlandesa y el ámbito internacional. Posteriormente, Rautavaara eligió al enigmático monje y místico ruso Rasputín como argumento de su ópera más reciente.
En opinión de Juan Hitters, el estilo de Rautavaara “es difícil de sintetizar. Ha compuesto desde música de cámara y orquestal (ocho sinfonías, conciertos para varios instrumentos, poemas sinfónicos) hasta varias óperas y música coral. A pesar de haber realizado un extraño camino desde la música serial hasta la neo-romántica, creo que existe un cierto sonido Rautavaariano. Maravillosos paisajes sonoros invitan a una lectura espacial de sus trabajos (podemos escuchar ciertos rasgos de Sibelius en sus composiciones orquestales), que invitan a ser transitados como si de viajes se tratara (…). Esta percepción de la experiencia sonora como un recorrido a través de un espacio imaginario, es sin duda una característica de la música de Rautavaara”.
Los años cruciales de la música finlandesa
enero 5, 2012
Juan Carlos Díaz Lorenzo
El despertar nacionalista en Europa a fines del siglo XIX, al que nos hemos referido, se reflejó también en los temas de numerosos libretos de ópera. En Finlandia existía un entusiasmo enorme para que se compusiera una ópera basada en el Kalevala, razón por la cual tomó la iniciativa la Sociedad de la Literatura Finlandesa, que convocó un concurso al respecto.
En 1898 nació la primera ópera llamada Pohjan neiti [La doncella del Norte], de Oskar Merikanto (1868–1924). La siguiente ópera con tema “kalevaliano” fue Aino (1909), de Erkki Melartin (1875–1937). En 1910 se estrenó la ópera Daniel Hjort, de Selim Palmgren (1878–1951), cuyo tema se inspira en la historia de Finlandia.
En 1911, año crucial en la historia de la ópera finlandesa, un grupo de personalidades relevantes, encabezado por la gran diva de la época, la soprano Aino Ackté, fundó la Ópera de Finlandia. Comprendiendo que la naturaleza del género consiste en ser una forma artística multilingüe, la dirección contrató también a cantantes extranjeros. La Ópera de Finlandia cambió su nombre en 1914 por el de Ópera Finlandesa, que sustituiría a partir de 1956 por el de Ópera Nacional de Finlandia.
En 1912, la soprano Aino Ackté fundó también el Festival de Ópera de Olavilinna –conocida en la actualidad como Festival de Ópera de Savonlinna-, en cuyas tres primeras temporadas se presentaron tan solo óperas nacionales. El último festival organizado por Ackté se celebró en 1930 y a partir de entonces pasarían más de treinta años, hasta que en 1967, el castillo medieval de Olavinlinna se convirtió en la segunda gran escena operística del país, junto a la Ópera Nacional de Finlandia.
Dos años después de la independencia del país, la Ópera de Finlandia estableció su sede en el Teatro Alexander. En las condiciones precarias de un edificio concebido para teatro, la Ópera Nacional funcionó hasta 1993, año en el que se inauguró la primera ópera propiamente construida en Finlandia, situada en la bahía de Töölö, en Helsinki.
En la década en que Finlandia obtuvo su independencia, en el ambiente operístico del país destacó el significado de la lengua y de la cultura propia y de la representación realista de cuadros populares. La exigencia del uso de la lengua finesa se cumplió cabalmente en la ópera Seitsemän veljestä [Los siete hermanos, 1913], de Armas Launis (1884–1959), que está basada en la novela homónima de Aleksis Kivi, publicada en 1870.
Nacido en Hämeenlinna el 22 de abril de 1884, Armas Launis se convirtió en un compositor especializado en ópera. Pedagogo, escritor, periodista y etnomusicólogo, doctor en letras (1911), catedrático de universidad, impartió clases de análisis musical y composición en la Universidad de Helsinki (1915-1922).
Mejoró sus conocimientos en Berlín con Wilhem Klatte y en Weimar, con Waldemar von Baussnern. Participó en la fundación de los primeros conservatorios populares de Finlandia, que estuvieron bajo su dirección hasta 1930 y siguen vigentes en la actualidad. Desde 1920 estuvo pensionado por el Estado finlandés de modo vitalicio, con la posibilidad de vivir en el extranjero.
Por esa razón ejerció de corresponsal habitual de los periódicos Helsingin Sanomat, Ussi Suomi y Suomen Kuvalehti. Figura entre los miembros fundadores de la Sociedad de la Prensa Extranjera de la Costa Azul y de la Asociación Francesa de Exposición e Intercambios Artísticos. A partir de 1930 se instaló definitivamente en Niza, participando activamente en los intercambios musicales y culturales entre ambos países.
Después de Seitsemän veljestä (1913), Launis compuso su ópera Kullervo (1917), estrenada con éxito por la Ópera Finlandesa en dicho año. La pieza se repuso en 1920 y 1934. En 1940 se realizó una versión escénica en el Palacio del Mediterraneo, en Niza, siendo difundido por la radio francesa y monegasca. Asimismo, en 1954 sería radiada por Paris-Inter una versión abreviada de Jehudith (1937-1940).
Launis intervino, asimismo, en composiciones de música de cámara, cantatas, coros, suites orquestales y la banda musical de la primera película etnográfica finlandesa, Una boda en Carelia (1921). Fue, además, uno de los primeros investigadores y recopiladores de música popular finesa del siglo XX. Viajero solitario y apasionado, de espíritu curioso, atento a los demás, viajó a Laponia en 1904, 1905 y 1922; a Kainu, en 1902; por las regiones de Ingrie en 1906 y de Carelia en 1902 y 1905 y por Estonia, en 1930. En todas partes se relacionó detenidamente con sus habitantes, escuchándolos y tomando nota de las melodías, grabando también a cantores célebres, plañideras y tocadores de kantele, lo que nos hace evocar el papel que en su momento había desarrollado Elías Lönnrot.
Otras óperas de Launis fueron El canto de la bruja (1934), El pañuelo careliano (1937), El verano que no llega nunca (1936), Erase que se era (1939), Theodora (1939) y Las llamas heladas (1957). Falleció en Niza, el 7 de agosto de 1959.
En la década de los años veinte, la vida operística de Finlandia se enriqueció con la llegada de cantantes y compañías extranjeras y, al mismo tiempo, se puso mayor atención al trabajo de dirección de la puesta en escena. Entonces florecieron los movimientos extremos –radicales o comprometidos con la tradición- y en ambos casos, la creación operística finlandesa alcanzó resultados de resonancia internacional.
Aarre Merikanto (1893–1958), hijo de Oskar Merikanto, fue uno de los fundadores del modernismo finlandés y compuso música de gran fuerza expresiva, inspirada por la variada paleta de colores de la música de Alexandre Scriabin. La música de Merikanto, romántica en su origen, se fundió de manera atractiva con elementos impresionistas y expresionistas.
Aarre estudió música primero en Helsinki con Erkki Melartin (1911) y de 1912 a 1914 con Max Reger en el conservatorio de Leipzig. Reger le dio el sobrenombre de Meister Quinte, debido a la defensa que Merikanto hacía del uso de las quintas paralelas, sin embargo tenía a Merikanto en alta estima y con su ayuda obtuvo uno de los dos premios de composición en 1914. En el invierno de 1915 Merikanto se trasladó a Moscú donde por espacio de cuatro meses estudió con Sergei Vasilenko. En 1937 fue nombrado profesor de Teoría y Composición en la Academia Sibelius de Helsinki. En 1951 obtuvo la cátedra de composición en la misma institución.
Entre sus alumnos se encuentran Einojuhani Rautavaara y Aulis Sallinen. En los años veinte, Merikanto desarrolló un estilo radical de vena expresionista con una instrumentación muy colorística y que en parte recuerda a la de Scriabin o Szymanowski. Varias obras de este periodo no encontraron el favor del público. Con el paso del tiempo su estilo se volvió más romántico y muchas de sus composiciones fueron estrenadas solo después de su muerte.
Al mismo tiempo, Leevi Madetoja (1887–1947) está considerado el compositor romántico finlandés más importante de la era post-Sibelius, aportando a sus obras una tendencia romántica más clásica. Su idioma combina el trato melancólico asociado a los fineses con el refinamiento de los compositores franceses. Entre sus partituras más importantes hay tres sinfonías y dos óperas.
Madetoja se dio a conocer ante el público finlandés con un concierto realizado en Helsinki en septiembre de 1910. Entonces habían pasado cuatro años de estudios en Helsinki, de los cuales los dos últimos fueron bajo la guía de Sibelius, de quien fue el más importante de los pocos alumnos de composición y aunque revela cierta influencia de su maestro, logró crear un estilo totalmente propio.
Poco después de su debut, Madetoja viajó a París, con la intención de estudiar con D’Indy, lo que no se llevó a cabo, aunque probó estímulos en la vida musical de la capital. Años más tarde retornaría a Francia y pasaría varios periodos sintiéndose como en su segunda casa. En el otoño de 1911 viajó a Viena y pasó el otoño estudiando con Robert Fuchs, antiguo profesor de Sibelius, pero nunca desarrolló una atracción similar por Viena a la que tenía por París.
Aunque su temprana producción incluyó varias obras vocales y algunas de cámara, Madetoja se centró en la música orquestal durante la segunda década del siglo. Una obra importante fue la Suite Sinfónica de 1910. Otras partituras tempranas fueron la Obertura de Concierto de 1911, Tanssinäky de 1911 y Kullervo de 1913, una obra de gran trasfondo que reflejaba la influencia de Tchaikovsky y la única de Madetoja sobre un tema del mito nacional del Kalevala. Esas tres creaciones datan de sus años de estudiante.
Las sinfonías primera (1916) y segunda (1918) fueron seguidas por el mayor triunfo en la carrera de Madetoja, la ópera Pohjalaisia [Los ostrobotnios, 1923], estrenada en Helsinki en octubre de 1924. Esta creación fue considerada de inmediato como la ópera nacional finlandesa, y tanto por sus motivos como en el empleo de melodías folclóricas, es una de las más nacionalistas del autor. Con un infalible sentido del drama musical, la ópera logra combinar exitosamente elementos de comedia y de tragedia dentro de una entidad convincente.
Otra obra magistral fue la tercera sinfonía (1926), menos dramática y expansiva que la segunda, aunque mucho más refinada y posee un mayor significado interior. Lo mismo puede decirse de la Obertura para una Comedia de 1923 y la música para la pantomima Okon Fuoko de 1927 basada en un tema japonés. Aunque no se le considera como una obra escénica exitosa, su suite orquestal es vista como una de las más finas e inusuales de Madetoja al inscribirse en las tendencias neoclásicas de la época.
Una de las últimas creaciones importantes de Madetoja fue su segunda ópera, Juha (1934), más refinada y coherente que Los Ostrobotnios, aún cuando no emplea melodías folclóricas. Después, su fuerza creativa comenzó a decrecer. En los años treinta pasó largo tiempo trabajando en una cuarta sinfonía, partitura que perdió en 1938 y no tuvo la capacidad para volver a escribirla.
Junto a sus obras orquestales y óperas, Madetoja produjo muchas y quizá las más finas obras corales dentro de la música coral finlandesa. Este ámbito estuvo marcado por la misma riqueza de armonía que su música orquestal. Madetoja también escribió canciones como el ciclo Syksy (1930). También tiene algunas obras instrumentales como la suite para piano El Jardín de la Muerte (1918-19) y la Suite Lírica para cello y piano de 1922.
El lenguaje musical de los modernistas, en cambio, fue acusado de “no finlandés” y muchas obras de mérito quedaron sin ser estrenadas. Ese fue el destino de Juha (1922), de Merikanto, cuyo estreno sólo se produjo cuatro décadas después de concluida su composición. Pohjalaisia y Juha son de las óperas finlandesas más importantes y después de sus estrenos, con justicia, son consideradas óperas de repertorio.
En el ambiente de la época nacieron las primeras obras importantes de Väinö Raitio (1891–1945). En su última ópera, Kaksi Kuningatarta [Dos reinas, 1940], Raitio intentó desarrollar un estilo operístico riguroso, con el canto subordinado al texto y al drama. Con sus cinco óperas, Raitio logró un puesto destacado en la historia de la ópera finlandesa, pues se trataba de un precursor a quien le faltó del favor de un público prejuiciado, pese a lo cual el autor nunca se amilanó.
La Segunda Guerra Mundial aisló a Finlandia de las nuevas corrientes musicales. Ninguno de los compositores que surgieron en los años cuarenta y cincuenta del siglo XX lograron ocupar un espacio significativo. La intención de llevar a cabo una renovación gradual de los elementos compositivos flotaba en el ambiente, pero habría que esperar a los años sesenta, y constituyeron el punto de partida ante el fuerte ascenso de la vida musical operística de los setenta.
Después de la guerra, Tauno Pylkkänen (1918-1980) surgió como un compositor de óperas con proyección de futuro. Impregnado del espíritu de la ópera italiana, se convirtió en un posromántico que creía mucho en la melodía, aunque no encaró los desafíos modernistas de la época. Sin embargo, creó un nuevo género, la ópera de factura breve, concebida para gran orquesta.
Pylkkänen es uno de los compositores de ópera más prolíficos de Finlandia. En 1945 irrumpió con la ópera Mare ja hänen poikansa [Mare y su hijo, 1943], basada en una obra de Aino Kallas. Bien acogida en Finlandia aunque protestada en Estonia, la trama está ambientada en 1343 en la Livonia estoniana bajo la férula de los caballeros teutónicos y se cimienta sobre un suceso histórico poetizado hasta la magnitud de una cruenta tragedia.
Hijo adoptivo de la eminente actriz Hilma Rantanen, reconocida personalidad de la escena de Finlandia, Tauno Pylkkänen respiró desde su infancia la adictiva atmósfera teatral, donde sin duda aprendió la eficacia de los golpes de efecto, de gran utilidad en su ulterior carrera de operista. Cuando aún cursaba estudios de composición -con Madetoja, entre otros profesores- en su natal Helsinki, escribió su primera obra lírica, Jaakko Ilkka, antes de cumplir veinte años. Su congénere Armas Launis, perteneciente a la generación anterior a la suya, constituía para él un paradigma de consagración a la ópera. El éxito internacional más notable de Pylkkänen fue su ópera radiofónica Sudenmorsian [La novia del lobo, 1950].
Después de la Segunda Guerra Mundial se fundaron las sociedades operísticas de Tampere, Vaasa y Lahti, en las que se estrenaron una veintena de óperas finlandesas. La actividad regional y local despertó un gran interés en Tauno Marttinen [n. 1912], pues la casi totalidad de su amplia producción surgió como encargo de instituciones operísticas pequeñas, estrenadas fuera de Helsinki.
El compositor finlandés de óperas más productivo de esta época es Tauno Marttinen, autor de una veintena de obras, de las cuales la más importante es Poltettu oranssi [Naranjo quemado, 1968], en la que el autor orientó su interés hacia la naturaleza humana y la filosofía religiosa y, a través de ellas, hacia la búsqueda de nuevos matices sonoros.
Celebración de la Fiesta Nacional en la embajada de Finlandia en España
diciembre 1, 2011
Juan Carlos Díaz Lorenzo
La Embajada de Finlandia en España celebró hoy la Fiesta Nacional que conmemora el 94º aniversario de la independencia del país. La recepción, celebrada en la residencia del embajador en Madrid , reunió a una nutrida representación oficial española y diplomática de diversos países acreditados, así como institucionales, militares, académicos, empresariales y otros sectores.
El embajador Markku Keinänen, en el cargo desde el 1 de septiembre de 2009, recibió a todos los invitados en unión de su esposa Anna-Maija y presidió el izado de la bandera nacional, entonando los asistentes los versos de Maamme [Nuestra Tierra], Himno Nacional de facto, composición de Fredrik Pacius y letra de Johan L. Runeberg, presentado por primera vez el 13 de mayo de 1848, cuando Finlandia pertenecía al Gran Ducado autónomo de los zares rusos. La independencia se produjo el 6 de diciembre de 1917.
El embajador Keinänen dirigió unas palabras a sus invitados, en las que agradeció el apoyo que recibe Finlandia del resto de los países, especialmente de los europeos y la asistencia de las diversas representaciones.

Markku Keinänen, embajador de Finlandia en España
Markku Piri, una idea del paraíso
noviembre 26, 2011
Juan Carlos Díaz Lorenzo
El diseñador finlandés Markku Piri inauguró el 24 de noviembre la exposición titulada “El espíritu del paraíso”, que se encuentra abierta en la sede del Instituto Iberoamericano de Finlandia, en Madrid, hasta el 11 de enero de 2012. La muestra está comisariada por Ritva Rominger-Czako y en el acto de presentación estuvo acompañado, entre otros, por el embajador de Finlandia en España, Markku Keinänen y el director del citado Instituto, Martti Pärssinen.
Madrid, Barcelona, Lisboa, Berlín y Washington son las ciudades que podrán disfrutar de la labor creativa de Markku Piri, artista polifacético, versátil y director de Piri Piri Oy. “Soy un diseñador finlandés, pero en mi corazón me siento más verano mediterráneo que invierno finlandés”, dijo el artista en la apertura de la exposición, que está compuesta por obras de sus últimos años, entre las que destacan los diseños textiles creados para la empresa finlandesa Vallila Interior, con nombres tan sugerentes como “Flor de invierno” (Talven kukka) o “Tiempo de trilla” (Puintipäivä), y que despertaron enorme admiración entre los numerosos asistentes.
La pieza estrella de la muestra es, sin embargo, un jarrón con forma de piedra preciosa elaborado artesanalmente por un maestro soplador de vidrio de la cooperativa Lasismi. Su realización requiere de un proceso muy laborioso. A la hora de pulirla, la pieza “adelgaza” entre 2 y 2,5 kilos. Las formas y los colores de las otras obras de vidrio expuestas se combinan de diferentes maneras, confiriéndole así al objeto un toque lúdico.
Además de arte textil o en vidrio, en “El espíritu del paraíso” se pueden ver fotografías tomadas por Markku Piri y uno de los vestidos y joyas que lució la soprano finlandesa Karita Mattila en una gira de conciertos organizados en el Centro de Conciertos y Congresos de Támpere, diseñados por el polifacético artista. Con motivo de la gira internacional, Markku Piri ha editado un elegante libro de 136 páginas en castellano, finés e inglés que, en palabras de los asistentes “constituye también una joya”. “Todos nosotros tenemos nuestra propia idea del paraíso, nuestro anhelo de felicidad y belleza. Ésta exposición muestra diferentes aspectos de mi idea de la armonía y la belleza, es decir, del paraíso: bienvenidos”.
Markku Piri expone “El espíritu del paraíso” en Madrid
noviembre 23, 2011
Juan Carlos Díaz Lorenzo
El diseñador finlandés Markku Piri inaugura mañana la exposición titulada “El espíritu del paraíso”, que acoge el Instituto Iberoamericano de Finlandia, en Madrid, a la que asisitirá el propio artista. La muestra, comisariada por Ritva Rominger-Czako, estará abierta el público hasta el 11 de enero de 2012.
Madrid, Barcelona, Lisboa, Berlín y Washington son las ciudades que podrán disfrutar de la labor creativa de Markku Piri, artista polifacético y versátil y director de Piri Piri Oy, que esta noche ha participado en el II Encuentro Economía y Diseño, celebrado en Central de Diseño Matadero, en Madrid. Dicho encuentro ha sido organizado por el Instituto Iberoamericano de Finlandia, la Embajada de los Países Bajos, la Representación Económica y Comercial de Flandes y la Fundación DIMAD (Diseño Madrid y Asociación de Diseñadores de Madrid).
El II Encuentro Economía y Diseño es una jornada de debate en la que la temática general consiste en mostrar la importancia del diseño en la estrategia de una empresa y su incidencia en sus resultados económicos. En el encuentro se han abordado y contrastado experiencias y casos prácticos en los que el diseño ha contribuido a mejorar la rentabilidad de los proyectos empresariales en los distintos países participantes.
Un ejemplar de “Pequeña historia de Finlandia” (1941) en castellano, donado al Instituto Iberoamericano de Finlandia
noviembre 18, 2011
Redacción
Javier Maestro Bäcksbacka, profesor de la Universidad Complutense, ha donado a la biblioteca del Instituto Iberoamericano de Finlandia, con sede en Madrid, dos interesantes obras que harán las delicias de los amantes de la historia y el arte.
La primera obra, titulada “Pequeña historia de Finlandia”, constituye una rareza y una joya, tanto porque fue escrita en 1941 en Helsinki, como porque relata en español los acontecimientos más importantes de Finlandia, desde el establecimiento de las primeras tribus en territorio finlandés, hasta los acontecimientos ocurridos en el mismo año 1941.
El libro, obra del periodista y secretario de embajada Heikki Brotherus, explica brevemente pero con fidelidad la incorporación del país al reino de Suecia y la relación que mantenía con Rusia. Uno de los capítulos más largos y detallados es el dedicado a la independencia de Finlandia, un tema que desde siempre ha sido muy importante y motivo de orgullo para los finlandeses.
El segundo de los libros donados por el profesor Maestro se titula “The Bäcksbacka collection” y contiene una colección de cuadros del museo de arte de Helsinki, al mismo tiempo que relata la historia del museo y como comenzó la colección Bäcksbacka.
El libro contiene obras de 12 pintores, cada una de ellas interpretada por un experto, que no solamente describe el cuadro en sí, sino que nos cuenta un poco sobre la historia del artista, sobre su estilo y la manera de imprimir sus pensamientos en cada cuadro. La segunda parte del libro contiene una lista de todas las obras que forman parte de la colección y de los artistas correspondientes.
The Bäcksbacka Collection resulta muy interesante para los que se inician en el arte, ya que el contenido es muy variado; cada uno de los artistas posee un estilo diferente y los articulos que están relacionados con cada cuadro no son demasiado largos pero sí están llenos de contenido.
Jean Sibelius
octubre 14, 2011
Juan Carlos Díaz Lorenzo
Jean Sibelius está considerado el más grande de los compositores finlandeses y, sin duda, el más conocido a nivel internacional. Personaje de interesante trayectoria, desempeñó un protagonismo determinante entre finales del siglo XIX y comienzos del XX en la creación de un estilo musical propio.
El gran Sibelius, cuyo nombre completo era Johan Julius Christian Sibelius, nació el 8 de diciembre de 1865 en Hämeenlinna, en tiempos del Gran Ducado de Finlandia dominado por Rusia. Aunque su familia hablaba sueco, estudió en una escuela de habla finesa, en su pueblo natal, entre 1876 y 1885.
En 1879 comenzó sus estudios de violín con Gustav Levander y cuando acabó su formación en el liceo, eligió Derecho en la Universidad Imperial, en Helsinki. Sin embargo, la música se había convertido en su preclaro destino y pronto abandonó las leyes para incorporarse al Instituto Musical que hoy lleva su nombre, siendo uno de los alumnos aventajados del violinista Csillag y del maestro Martín Wegelius, que también lo fue de Armas Järnefelt y Selim Palmgren.
Entre 1889 y 1891 estudió becado en Berlín con Becker y Bargiel y en Viena con Karl Goldmark y Robert Fuchs, y de regreso a su país, ejerció de profesor de teoría musical en el conservatorio de Helsinki entre 1892 y 1897, año en el que recibió una beca del Gobierno que le permitió dedicarse exclusivamente a la composición. En esta época compuso su primera obra orquestal, con la que despertó el interés de Brahms, que también alabó algunas de sus canciones. En 1892 contrajo matrimonio con Aino Järnefelt, de cuya unión nacieron seis hijos. En 1903 la familia se trasladó a una casa llamada Ainola, construida a orillas del lago Tuusula, en Järvenpää, donde transcurriría el resto de sus vidas.
Sibelius está considerado uno de los símbolos culturales de Finlandia y, en unión de Johan Ludvig Runeberg, uno de los pilares del nacionalismo romántico. Su música posee unas implicaciones modales muy fuertes. Muchas de sus características melódicas y armónicas tienen su explicación en sus estudios de la polifonía del Renacimiento.
Partiendo de una sólida formación dentro del sinfonismo romántico alemán, en 1892 definió, con Una Saga, los elementos esenciales por los que evolucionaría su obra: un monumental corpus sinfónico evocación del mundo fabuloso y épico del Kalevala, en un lenguaje que combina de forma personal solemnidad y austeridad de manera sorprendente.
Apasionado en un momento de su vida por la ópera, Sibelius inició el estudio de partituras wagnerianas y asistió al festival de Bayreuth, donde escuchó Parsifal, lo que causó un gran impacto en su espíritu, escribiendo a su esposa una carta en la que le dice, entre otras cosas, lo siguiente: “Nada en el mundo me ha impresionado tanto. Ha movido las cuerdas más profundas de mi corazón”.
Sibelius comenzó a trabajar en su ópera Veenen luominen, aunque por poco tiempo. Cuando decreció su aprecio hacia Wagner, el material musical de la incompleta obra se convirtió, posiblemente, en la suite Lemminkäinen (1893). Sibelius también tuvo influencias de Busoni y de Tchaikovsky, lo que resulta evidente, en el caso de este último, en la sinfonía Kullervo (1882), así como en su Sinfonía nº 1 (1899), con la que alcanzó rápidamente el reconocimiento de su tiempo y, más tarde, en su Concierto para Violín (1903).
Al regreso de un viaje a Italia -una de las escasas ocasiones en las que salió de su país natal-, Sibelius compuso una de sus obras más famosas, el poema sinfónico Finlandia (1899), que fue prohibido en su momento por las autoridades rusas porque suscitaba un gran fervor patriótico entre la población.
Su concepto de sinfonía complementaba al de Gustav Mahler, quien un día le confesó que para él componer era “crear un mundo que debe abrazarlo todo”. En cambio, para Sibelius lo importante era “una lógica profunda que interconectase todos los motivos”. Por esta razón sus sinfonías tienden hacia la austeridad y la compresión de la forma, tendencia que se haría más pronunciada a medida que avanzaban los años.
Al igual que en Beethoven, el núcleo de la música de Sibelius es la colección de sus siete sinfonías. En cada una de ellas, su autor -que se esforzaba por mantener la estructura formal siguiendo la huella de Brahms- se aproximó a los problemas básicos de forma, tonalidad y arquitectura musical, de una manera individual y única. Su creatividad sinfónica fue novedosa, si bien algunos contemporáneos sintieron que su música debería haber seguido otro camino. Sibelius dio poca importancia a la opinión de los críticos: “No presten atención a lo que dicen”, decía. “Nunca se ha levantado ninguna estatua de uno de ellos”.
Sibelius demostró siempre un profundo amor por la naturaleza, hasta el punto de que el paisaje de Finlandia moldeó el estilo “natural” de su música. De su Sinfonía nº 6, por ejemplo, diría que “siempre me recuerda la escena de la primera nieve”. La producción del maestro fue prolífica: varias piezas inspiradas en el Kalevala; cien canciones con acompañamiento de piano, música incidental para 13 partes separadas, música de cámara, música para piano, 21 publicaciones de música coral, y música ritual para la masonería.
Entre sus composiciones más famosas figuran las siguientes: Kullervo (1882, sinfonía para soprano, barítono, coro y orquesta, opus 7), Una Saga (1892, poema sinfónico, opus 9), Karelia (obertura orquestal, opus 10), Karelia (1893, suite, opus 11), Lemminkäinen ’Cuatro leyendas de Kalevala’ (1893, suite, opus 22), Finlandia (1899, para orquesta y coros, opus 26), Sinfonía nº 1 (1899, Mi Menor, opus 39), Sinfonía nº 2 (1902, Re Mayor, opus 43), Concierto para violín (1903, Re Menor, opus 47), Kuolema (1904, vals triste y escena con grullas, opus 44), Sinfonía nº 3 (1907, Do Mayor, opus 52), Sinfonía nº 4 (1911, La Menor, opus 63), Luonnotar (1913, poema sinfónico para soprano y orquesta, opus 70), Aallottaret ’Las ninfas del mar’ (1914, poema sinfónico, opus 73), Sinfonía nº 5 (1915, Mi Mayor, opus 82), Oma Maa ’Nuestra Patria’ (1918, para coro y orquesta, opus 92), Sinfonía nº 6 (1923, Re menor, opus 104), Sinfonía nº 7 (1924, Do mayor, opus 105) y Tapiola (1926, poema sinfónico, opus 112), considerada su última gran obra.
Afectado por una operación quirúrgica en 1911 -la proximidad de la muerte puede verse claramente en varias de las obras que compuso por entonces, entre las que se encuentran Luonnotar y la Sinfonía nº 4- y el final de la I Guerra Mundial, en 1918, Sibelius evitó siempre hablar de su música. A partir de 1926, su producción comenzó a decrecer y durante casi treinta años permaneció en aparente silencio.
Existe evidencia de que Sibelius trabajó en una Sinfonía nº 8. El compositor prometió su estreno en 1931, e incluso se anunció una presentación pública en Londres, bajo la dirección de Basil Cameron, en 1933. Sin embargo, no se ha encontrado partitura alguna y la única evidencia escrita existente es un recibo por el copiado del primer movimiento.
Sibelius siempre fue muy crítico de su propia obra, y se dice que un día comentó a sus allegados: “Si no puedo escribir una sinfonía mejor que la séptima, entonces será ésta la última”. Como no se ha encontrado manuscrito alguno, se cree que el maestro destruyó todas las versiones de la partitura.
Dos días antes de su fallecimiento, ocurrido el 20 de septiembre de 1957, cuando contaba casi 92 años de edad, Sibelius hizo su acostumbrado paseo matutino y a su regreso comentó a su esposa que había visto una bandada de grullas acercándose. “Aquí vienen las aves de mi juventud”, exclamó. De pronto, uno de los pájaros abandonó la formación y sobrevoló Ainola describiendo círculos, volviendo después a la bandada.
Recibió sepultura en el jardín de su casa, donde también se encuentra su esposa, fallecida el 8 de junio de 1969. En 1972, los hijos del compositor vendieron la casa natal al Estado finlandés y dos años después, el Ministerio de Educación inauguró allí un museo a su memoria.
Sibelius encontró una cierta línea de continuidad en compositores como Aarre Merikanto (1893-1958) y, en menor medida, en Leevi Madetoja o Erkki Melartin. En Europa, los ingleses fueron los primeros en descubrirlo. Sir Thomas Beecham, amigo personal, fue uno de los grandes intérpretes del compositor finlandés.
Anthony Collins, que había desarrollado una extensa carrera en Hollywood como director y compositor de música para películas, realizó la primera grabación completa de las sinfonías de Sibelius al frente de la Orquesta Sinfónica de Londres. Leopold Stokowski y Eugene Ormandy -éste último también amigo del compositor-, contribuyeron al conocimiento de Sibelius por parte de la audiencia americana, programando a menudo sus obras.
Fotos: Balcer, archivo de la familia Sibelius, Alessandro Nessenzia y Titoni Thomas
La música finlandesa y el Teatro Alexander
septiembre 7, 2011
Juan Carlos Díaz Lorenzo
A mediados del siglo XIX, la lucha por la unidad de varios países europeos se convirtió en una de las causas de la aparición de un nuevo sentido de unidad nacional que llevaría a los compositores a buscar inspiración en ideas musicales de su propio país. El nacionalismo en la música fue una de las nuevas vías expresivas que ofreció el romanticismo y con ella cada pueblo recuperó la conciencia de su entidad individual.
Sin embargo, el nacionalismo romántico se enfrentó a la supremacía de la ópera italiana. Los pioneros de esta tendencia fue el compositor checo Bedich Smetana (1824-1884), llamado también el “padre de la música checa”.
En el caso de Finlandia, además de la figura del gran sinfonista Jean Sibelius, figuran también Ilmari Krohn (1867-1960), autor de varios libros y una colección de canciones folklóricas finesas; además de compositor de varias obras, entre ellas la ópera El Diluvio, así como oratorios y cantatas sacras; Karl Flodin (1858-1925); Aarre Merikanto (1893-1958); y Fredrik Pacius (1809-1891), autor de la primera ópera en lengua finesa.

Fachada principal de la catedral luterana de Helsinki
En la década de los años veinte del siglo XIX llegaron a Finlandia las primeras óperas que se representaron en el país. En esa época, la ciudad de Viipuri era visitada por las principales compañías operísticas, alemanas en su mayoría, debido a su proximidad con la ciudad de St. Petersburg, aunque también llegaron a Turku y Helsinki. A mediados de la centuria, las representaciones, con repertorios de obras italianas y alemanas, también se conocían en las ciudades de Kuopio y Oulu, situadas al norte del país.
La influencia alemana era evidente en la vida musical finlandesa desde mediados del siglo XIX, debido, sin duda, a la presencia de la destacada figura de Fredrik Pacius, que se había establecido definitivamente en el país en 1835, cuando contaba 26 años. Pacius nació el 19 de marzo de 1809 en Hamburgo, el mismo año en que Suecia se vio forzada a ceder Finlandia a Rusia. Discípulo, a temprana edad, de Spohr en violín y de Hauptmann en composición, disciplinas que aprendió en la localidad de Kassel, durante seis años fue violinista en la Orquesta de la Corte de Estocolmo, hasta que tomó la decisión más trascendental de su vida.

Fredrik Pacius (1809-1891)
Pacius comenzó a trabajar como profesor de música en la Universidad de Helsinki, donde fundó una sociedad musical, un coro y una orquesta. En aquel tiempo, con la lengua finesa relegada a un segundo plano, el joven compositor escogió para sus dos primeras obras escénicas tramas ideadas originariamente en finés, aunque las compusiera sobre textos escritos en sueco.
El autor se volcó en un desarrollo multifacético en la vida musical de su patria adoptiva, de ahí que sea considerado el padre de la música finlandesa. En 1848 escribió la música para el poema Maamme, de Johan Ludvid Runeberg, que se convirtió en el himno nacional de Finlandia. La música de Pacius también fue utilizada en el himno nacional de Estonia, Mu isamaa, mu onn ja room.
A él se debe la primera ópera finlandesa de gran formato, con libreto en sueco, obra de Zacharias Topelius: Kaarle-kuninkaan metsästys [La caza del rey Carlos], estrenada en marzo de 1852 y puesta en escena por cantantes y músicos aficionados. El hecho tiene carácter histórico y los intérpretes fueron muy celebrados. El lenguaje empleado por Pacius responde a una amplia información y tiene un argumento de rescate, por lo que despertó sentimientos patrióticos en el espíritu de la época. La pieza se representó nueve veces con el aforo completo, hecho destacado si tenemos en cuenta que Helsinki apenas tenía entonces 20.000 habitantes, y la capa intelectual que seguía la vida cultural era poco numerosa.
En 1877, Fredrik Pacius recibió el título de doctor honorario de la Universidad de Helsinki. Durante los primeros años de la década de los ochenta, el compositor abordó en profundidad el libreto en alemán en la pieza dramática Lorelei, que había escrito Emanuel Geibel para Félix Mendelssohn en 1847, malogrado entonces por el fallecimiento de su autor en dicho año.

Aspecto exterior del Teatro Alexander, en Helsinki
Los preparativos para el estreno de su tercera y última ópera en el Teatro Nuevo de Helsinki resultaron tan accidentados, que el autor tuvo que conformarse con presentarla en el modesto escenario del Teatro Alexander (Aleksanterin teatteri). El interés suscitado por la representación del 28 de abril de 1887 se vio defraudado por las debilidades vocales de la cantante que personificaba a la titular, si bien la situación mejoró en las representaciones siguientes. Al igual que otras composiciones del autor, Lorelei sigue las convenciones de la escuela romántica alemana de la primera mitad del siglo XIX, y su lenguaje musical ofrece avances en una identidad específicamente finesa. Pacius falleció en Helsinki el 8 de enero de 1891, a la edad de 82 años.
Hemos citado el Teatro Alexander, situado en la calle Bulevardi de Helsinki, cuya construcción finalizó en 1879. Este teatro se convirtió en un importante escenario en el que actuaron compañías de ópera extranjeras. En 1896 se representaron Payasos, de Ruggiero Leoncavallo y Caballería rusticana, de Pietro Mascagni, unos pocos años después de sus respectivos estrenos en Italia. Entre 1904 y 1906 varias de las principales óperas representadas en Helsinki fueron de Richard Wagner, gracias a los esfuerzos de la cantante Maikki Järnefelt, el compositor y director de orquesta Armas Järnefelt y el empresario Edvard Fazer.

Armas Järnefelt (1869-1958)
Armas Järnefelt (1869-1958), hijo de militar, fue el primer compositor finlandés que dirigió las óperas de Richard Wagner en su país. Había aprendido piano en Helsinki con el profesor Ferruccio Busoni y en París, con Jules Massenet. Tras dirigir diversas orquestas en Alemania, regresó a Finlandia, donde dirigió la Ópera y el Instituto de Música de Helsinki. Mantuvo relaciones familiares con el gran Sibelius, ya que se casó con su hermana Aino.
Sin embargo, en 1905 se fue a trabajar a Suecia y en 1909 adquirió la ciudadanía de dicho país. En 1923 se convirtió en el primer director de orquesta de la Ópera Real de Estocolmo, y de 1932 a 1936 fue responsable de la Ópera Nacional de Helsinki. Compuso obras poéticas para pequeña orquesta [Praeludium y Canción de cuna, 1904], poemas sinfónicos [Forsfärden, 1919], música para teatro [Las aves, de Aristófanes, 1916], música de cámara, coros, cantatas y piezas para piano.





































