Juan Carlos Díaz Lorenzo

En 1899, en tiempos del Gran Ducado, la Sociedad de Literatura Finlandesa organizó un concurso para levantar un monumento a Elías Lönnrot (1802-1884), autor de la recolección de los versos que componen el poema épico nacional Kalevala. Para ello convocó un concurso público cuyo ganador fue Emil Wikström. Sin embargo, la propuesta final (1901) difiere considerablemente del proyecto original, en la que se advierte una clara influencia de Emil Halonen, que quedó en segunda posición. El memorial está situado en Lönnrotinkatu 5-7, Kamppi, próximo a la Iglesia Vieja de Helsinki.

La escultura de Wikström (1864-1943) fue fundida en bronce en Bruselas y presentada el 18 de octubre de 1902. La obra combina la escultura realista con temas poéticos y fantásticos. Representa a Elías Lönnrot en uno de sus viajes de recolección, anotando las palabras míticas y los poemas que acaba de ser cantadas. Al lado de Lönnrot, representado en gran realismo, aparecen dos personificaciones del espíritu poético. A la izquierda está Väinämönen, el símbolo de los versos épicos y mágicos del Kalevala, levantándose de la cabeza de Vipunen, representados en bajorrelieve. A la derecha está Impi, que simboliza los poemas líricos y canciones de Kalevala y Kanteletar.

Väinämönen es el símbolo de los versos épicos y mágicos del Kalevala

Impi simboliza los poemas líricos y canciones del Kalevala y Kanteletar

La escultura fue fundida en bronce en Bruselas y presentada el 18 de octubre de 1902

Wikström, considerado uno de los representantes del karelianismo y el escultor finlandés más importante de su tiempo, tenía la intención de añadir a Tapio, el dios de los bosques, como protector del ganado, pero debido al elevado costo de la obra, la idea fue desechada. Después de que se dio a conocer la composición del monumento, Wikström fue criticado porque representa tanto Lönnrot como a las figuras con igual realismo. La parte frontal del pedestal contiene el nombre de Lönnrot y el texto: “Sain Sanat salasta ilmi, Kalevala” [Me dieron las palabras, Kalevala].

Emil Wikström (1864-1943) demostró en su Turku natal, desde edad temprana, sus dotes para la escultura. De suerte que en 1883 consiguió una beca oficial para estudiar durante dos años ornamentos de modelado y xilografía en la Academia de Bellas Artes de Viena. Después fue a París como alumno de la Académie Julian y después de una estancia en Helsinki, viajó otra vez a Viena y París entre 1887 y 1892. Un año después ganó el primer premio para la fachada de la Casa de los Estados con la composición “Alexander I rodeado por los estados de Finlandia en la Dieta de Porvoo en 1809”, que fue presentada en 1903. Suyas son también las cuatro esculturas de la estación central de ferrocarril de Helsinki.

Fotos: Juan Carlos Díaz Lorenzo

Juan Carlos Díaz Lorenzo

El cine llegó muy pronto a Finlandia. Las crónicas dicen que la primera proyección se celebró en 1896, apenas unos meses después de la presentación en París, el 28 de diciembre de 1895, del cinematógrafo de los hermanos Lumière. Existe constancia de que en la ciudad de Tampere –entonces tenía una población de unos 40.000 habitantes– se hizo otra proyección entre los días 2 y 7 de marzo de 1897, organizada por el ingeniero Karl E. Ståhlberg, propietario de la compañía teatral Apollo.

En el transcurso de 1904 se tomaron las primeras imágenes en el país y aunque se desconoce quién fue su autor, sí se sabe su título: Uutta Helsingistä. Nikolainkadun koulun koulunuorisoa välitunnilla. Fue proyectada en medio de una gran expectación el 3 de diciembre de ese mismo año, en el Sirkusmaneesi, de Helsinki, a cargo de la compañía American Bioscope. Unos meses antes, el 3 de abril del citado año, Ståhlberg había abierto el el primer teatro de cine de Finlandia llamado Världen Runt – Maailman Ympäri.

Karl Emil Stahlberg (1862-1919)

En la primavera de 1906 fue fundada la primera compañía de cine finlandés, debida al ingeniero K. E. Ståhlberg –que entonces poseía el mejor estudio de fotografía del país– y produjo un centenar de documentales cortos entre 1906 y 1913. El primero de ellos corresponde a la cinta titulada Tampere Suomen Manchesteri, posiblemente realizada en la segunda mitad de 1906.  

A partir de entonces, el ritmo fue trepidante. En 1907, Louis Sparre y Teuvo Puro pusieron en escena el primer largometraje de ficción producido en Finlandia, entonces Gran Ducado, titulado Salaviinanpolttajat [Destiladores ilegales]. Aunque Helsinki fue el epicentro de la incipiente industria, también hubo actividad en otras ciudades, caso de Tampere, donde tuvo su sede la compañía Oy Maat ja Kansat.  

Teuvo Puro (1884-1956)

Luego vendrían años decisivos y convulsos en la vida política del país en los que el cine tomó carta de naturaleza, tras un primer paréntesis entre 1909 y 1911. La única cinta de que se conserva completa de este periodo se titula Finland, tiene una duración de 20 minutos y fue filmada por la compañía Apollo entre 1910 y 1911. Se hizo para una presentación en Berlín, en la primavera del citado año.

1914 fue un año importante en la historia del cine finlandés durante la autonomía de los zares. El primer corto comercial de Finlandia y los primeros dibujos animados datan de ese año. Hubo un intento de producir películas a mayor escala, caso de la iniciativa de Erik Estlander, que construyó para ello en 1916 un estudio con paredes y techo de cristal en Helsinki, aunque a finales de ese año las autoridades de la Rusia zarista prohibieron toda actividad de filmación en Finlandia.

El 6 de diciembre de 1917 fue proclamada la Independencia y poco después se vivió una guerra civil triste memoria. Hasta entonces se habían producido 25 películas de ficción y 327 cortometrajes, de los que aproximadamente ha sobrevivido un centenar de ellas de una hora de duración. La Primera Guerra Mundial hizo que el suministro de material de película fuera un empeño difícil, razón por la cual se paralizó la producción de cine finlandés, de suerte que entre 1916 y 1917 sólo se hicieron once películas. Existen, además, pocos pero valiosos documentales cortos de la guerra civil de 1918, que fueron filmados en el invierno y primavera no sólo por los camarógrafos de Finlandia, sino también por los directores de fotografía de propaganda del ejército alemán, que desembarcaron en Hanko, así como suecos y rusos.

Erkki Karu (1887-1935)

En 1919, un actor de teatro y emprendedor llamado Erkki Karu –su nombre original era Erland Erkki Fredrik Kumlander–, fundó Suomen Filmikuvaamo. A este sello y dirigidas por Teuvo Puro pertenecen las películas tituladas  Quien ríe el último ríe mejor, Anna Lisa y Sylvi (1913) [1], entre una veintena de ellas. Los años que siguieron a Sylvi vieron el nacimiento de la compañía Hjalmar V. Pohjanheimo Lyyra-Filmi, a cuya producción corresponden dos farsas breves y “cine de arte”.

En las dos primeras décadas del siglo XX, la industria del cine finlandés estuvo alejada de la creatividad y la capacidad productiva de sus vecinos escandinavos, caso de Suecia y Dinamarca. No hubo industria y, además, la mayor parte del material filmado antes de la Independencia se perdió, de suerte que de los largometrajes, sólo se conservan trece minutos de la película Sylvi. 

Logotipo de Suomi-Filmi. Todo un referente en el cine finlandés

La producción de cine regular comenzó en la década de los años veinte, gracias al trabajo de Suomi-Filmi –sucesora de Suomen Filmikuvaamo– y la creatividad de Teuvo Puro. Había dirigido las películas más importantes de la época y fue, sin duda, la figura principal del cine nacional hasta su prematuro fallecimiento en 1935 [2]. Su obra maestra es The Village Shoemakers (1923), una comedia popular en la que participó el recién estrenado cámara alemán Kurt Jäger. Otras obras señeras del productor Karu, caso de The Logroller’s Bride (1923), con excelente cinematografía de Jäger y Oscar Lindenlof y también la primera película finlandesa distribuida ampliamente en el extranjero: When father has toothache (1923), una farsa surrealista y Our boys (1929), una precursora patriótica de varias farsas militares.

El argumento más recurrente de Suomi-Filmi se introducía en un ambiente netamente rural en la Finlandia profunda. Pero esa era la política de la empresa, retratar un país agrícola por medio de sujetos agrícolas en la época del cine mudo. Hubo algunos intentos de hacer películas “europeas” con un sentido más urbano, caso de Summery Fairytale (1925), pero no sedujo al público.

A la dirección de Teuvo Puro corresponde, asimismo, el largometraje titulado Olli’s years of apprenticeship (1920) y uno de los pocos filmes finlandeses de terror, titulado Evil Spells (1927). Una rareza interesante de los últimos dos años del cine mudo fue la figura de Carl von Haartman, mezcla de soldado y aventurero, que había trabajado como asesor militar en Hollywood. Debido a esto se le consideraba capaz de dirigir películas y aunque sus dos dramas de espionaje de rango superior, Supreme Victory (1929) y Mirage (1930) eran aceptables, tampoco lograron el favor del público.

El experimento de Komedia-Filmi no tuvo el éxito esperado

En la década de los años veinte, Suomi-Filmi mantuvo el dominio de la producción cinematográfica en Finlandia. La compañía produjo 23 de los 37 largometrajes realizados entre 1919 y 1930. Por el medio aparecieron otros intentos, pero no consiguieron doblegar su supremacía. En la segunda mitad de la década, el director de fotografía alemán Jäger formó su propia compañía, llamada Komedia-Filmi, vinculada al poderoso trust alemán Ufanamet, que entonces poseía la mayor parte de la distribución de películas de Finlandia.

Suomi-Filmi se defendió exaltando los valores nacionales y acusó a Komedia-Filmi y Ufanamet de ser unos invasores extranjeros. La suerte se puso del lado finlandés, pues la “intrusa” Komedia-Filmi sólo hizo dos películas, de las cuales la última, On the Highway of Life (1927), dirigida por Jäger y Ragnar Hartwall, es un interesante intento de hacer una especie de comedia moderna.

Valentin Vaala (1909-1976)

En 1929 se produjo el estreno de las dos primeras películas producidas por una empresa de rango menor, llamada Fennica y dirigida por Valentin Vaala, que entonces estaba en los comienzos de lo que sería un director relevante de los años dorados del cine finlandés. Tenía 17 años cuando dirigió Dark eyes y su actor principal, Thoedor Tugai –más tarde conocido como Teuvo Tulio–, apenas 14 años.

Esta película y el instantáneo “remake” The Gypsy Charmer eran de un nuevo tipo, pues se trataba de dramas pasionales con influencias claramente orientales. Sólo se conserva esta cinta, pues hubo un momento en el que los cineastas destruyeron el único negativo de la original Dark Eyes lanzándola al mar, pues pensaban que la nueva versión era muy superior. Craso error.

En esta época hubo otros intentos para producir películas fuera de la capital, pero al menos las producidas en Viipuri y Oulu no tenían la calidad mínima para igualar estreno en Helsinki. No tears at the fair (1927) y The man of Snowbound forests (1928), dos películas desaparecidas producidas en Tampere por Aquila-Suomi y dirigidas por Uuno Eskola, fueron mejores del momento, al menos de acuerdo a sus contemporáneos.

Uno de los productores de Aquila-Soumi, el pintor Kalle Kaarna, demostró que tenía talento, como lo acreditó en su primera película With the Blade of a Sword (1928), que se presentó con audacia como una historia neutral sobre la dolorosa guerra civil de 1918. Su segunda película, A Song about the Heroism of Labour (1929), introduce de una forma bastante convencional un nuevo tipo de héroe proletario ante el público. Lamentablemente, estas películas también se han perdido para siempre.

Notas

[1] Basada en una obra de Minna Canth, la película fue rodada en 1911 con otras dos adaptaciones de la literatura de larga duración, pero no se estrenó hasta 1913. Los realizadores no tenían dinero para enviar las películas al laboratorio más cercano, que estaba en Copenhague, por lo que el material de tres producciones sufrió desperfectos.

[2] Sadoul, Georges. Historia del cine mundial. Desde los orígenes. p. 352.  Siglo XXI Ed. Madrid, 1983.

Fotos: archivos del cine finlandés

 

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Cada 10 de octubre, celebración del Día de la Literatura Finlandesa, Finlandia honra la memoria de uno de sus compatriotas más destacados, Aleksis Kivi. Su legado forma parte de la memoria colectiva y para un pueblo como el finlandés, que valora y mucho lo suyo, este personaje, autor teatral, novelista y poeta, está considerado el creador del lenguaje literario moderno del país.

Finlandia tiene una larga tradición de literatura de fuentes orales, basada en poesía popular que recitaban los bardos con diferentes melodías, en ocasiones acompañados del kantele. Así como en las regionales del norte eran dos cantores los que recitaban las poesías, en las del sur era solo uno, frecuentemente una mujer acompañada de un coro. La transmisión de los textos era únicamente oral pero no se recitaban de forma idéntica, sino que había lugar para la inspiración y la improvisación. 

La estatua en memoria de Aleksis Kivi preside la plaza del Teatro Nacional Finlandés

Dos bardos legendarios, llamados Arhippa Perttunen y Larin Paraske, tenían un repertorio formado por miles de versos. A partir del siglo XIX se suscitó el interés por recopilar esta tradición de literatura popular y esa ingente labor correspondió a la Sociedad de Literatura Finlandesa, dirigida por Elías Lönnrot y otros entusiastas, que recopilaron miles de piezas sobre las cuales se asentó con firmeza la literatura finlandesa.

Nacido el 10 de octubre de 1834 en Nurmijärvi, Aleksis Stenvall, que así era el nombre de Aleksis Kivi, aprendió sueco, entonces la lengua de élite de la región y estudió literatura en la Universidad de Helsinki, si bien escribió todas sus obras en finés, sin duda influido por uno de sus preclaros maestros, Elías Lönnrot, el recopilador del “Kalevala”, la leyenda nacional finlandesa.

Su primera obra teatral, “Kullervo” (1860) es un poema dramático basado en una de las leyendas del “Kalevala”. Entre sus obras hemos de destacar la comedia “Los zapateros de la Landa” (1864); la tragedia “Lea” (1869), basada en la Biblia y varios volúmenes de poesía lírica, entre ellos “Los siete hermanos” (1870), que le llevó diez años escribirla y en la que describe la vida aventurera de los hermanos Jukola en los bosques finlandeses, que acaban emigrando a un pueblo de vida convencional.

La crítica de la época fue despiadada con la obra final de Kivi, por su realista descripción de la vida rural, a la que consideró demasiado vulgar. En su fuero interno el autor generó un sentimiento de rechazo, de modo que acabó sumido en una depresión y el desequilibrio mental que terminó con su vida. Falleció el 31 de diciembre de 1872 en Tuusala, a la temprana edad de 38 años.

Con el tiempo, y con una Finlandia libre, imbuida por el romanticismo y celosa de sus mejores autores y tradiciones, los textos de Aleksis Kivi se convirtieron en lectura obligada en los colegios del país. Entonces llegó también el reconocimiento a su figura, considerado no de los fundadores del teatro y la novela nacional.

Razón por la cual el Día de la Literatura Finlandesa se celebra coincidiendo con la fecha de nacimiento de Aleksis Kivi. Es un reclamo para que unos y otros, nacionales y extranjeros, renueven su compromiso leyendo alguna obra escrita en finés o traducida. Hay muchos y muy interesantes títulos de diversos autores que nos descubrirán un mundo interior, diferente y sugestivo.

Como una reflexión serena, tal vez, ante la actitud pensativa de la estatua de Aleksis Kivi en Helsinki, obra de Wainö Aaltonen (1934), su enclave es un reconocimiento honorable. Está situada en la cara norte de la plaza Rautatientori, frente a la fachada principal del Teatro Nacional Finlandés, que abrió sus puertas en 1902. Un edificio singular, al que nos hemos referido en nuestro anterior artículo y que es exponente del movimiento romántico nacional finlandés surgido en los últimos años del siglo XIX.

Foto: Juan Carlos Díaz Lorenzo

 

Soile Isokoski

septiembre 10, 2014

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Soile Isokoski (Posio, 1957) es una de las grandes intérpretes versátiles de la lírica finlandesa. Muy reconocida dentro y fuera de su país, la soprano, que se ha especializado desde hace años en obras de Mozart, Strauss y los autores nativos, ocupa una posición de privilegio junto a otras destacadas figuras que forman parte de la escena musical nacional, caso de Karita Mattila, Camilla Nylund, Monica Groop, Lili Paasikivi, Jorma Hynninen y Matti Salminen.

En 1986 se graduó en sus estudios en la prestigiosa Academia Sibelius, en Helsinki. Actuaba como solista en una iglesia de la región de la Laponia cuando en 1987 fue contratada por la Ópera Nacional de Finlandia –en la que permaneció hasta 1994– y debutó como Mimí en la ópera La Boheme, de Puccini. En ese mismo año ganó el concurso musical de Lappeenranta y el segundo premio en el BBC Singer of the World, celebrado en Cardiff. Siguieron, después, en 1990 otros dos concursos de renombre: Tokyo International Competition y Elly Ameling Competition.

Soile Isokoski es una de las grandes voces líricas de Finlandia

Desde entonces, Soile Isokoski tiene una larga y meritoria ejecutoria. Su voz, en cualquiera de los papeles en que la hemos escuchado, nos resulta atractiva, fresca y serena, cálida en su expresividad, natural y dentro de unos parámetros moderados. Aunque bien es verdad que sentimos predilección por sus interpretaciones en obras de Sibelius, Mozart, Puccini, Verdi, Wagner, Strauss y Verdi. La soprano tiene, además, experiencia en partituras de Tchaikovski, Britten, Gounod y Bizet, sin olvidar su repertorio de autores finlandeses, a cuyas obras da vida en su voz.

Decimos que Soile Isokoski es bien conocida fuera de Finlandia. En Alemania, por ejemplo, desde 1992 su nombre está asociado a representaciones estelares en las óperas de Berlín, Dresde, Hamburgo, Colonia y Munich; Wiener Staatsoper (Viena), Théâtre du Châtelet, Opéra Bastille, La Scala, los festivales de Salzburgo, Edimburgo, Orange y Tanglewood. En 2002 debutó en el Metropolitan Opera House de Nueva York y lo hizo en el papel de la Condesa Almaviva en la ópera Las bodas de Fígaro, de Mozart; y en la Ópera de San Francisco, como la Mariscala, en El caballero de la Rosa, de Richard Strauss.

Otras actuaciones de Soile Isokoski la han llevado a escenarios en Londres, París, Ámsterdam, Roma, Atenas, Moscú, St. Petersburg, Chicago, Washington, Fort Lauderdale, Los Ángeles, Tokyo, Madrid, Barcelona, Glyndebourne y Toulouse, con frecuencia acompañada por la pianista Maritta Viitasalo-Pojhola, formada, asimismo, en la Academia Sibelius. Por supuesto, Soile Isokiski es toda una referencia en el festival de ópera de Savonlinna, en el que actuó por primera vez en 1992. Posee una interesante producción discográfica. En 2007 recibió la Medalla Sibelius y en 2008 fue nombrada cantante de la Corte de Viena.

En los años en que la soprano finlandesa lleva actuando en los escenarios que hemos referido, ha tenido la oportunidad de coincidir con directores de orquesta de reconocido prestigio, algunos de ellos recientemente fallecidos. Elenco en el que se sitúan los nombres de John Eliot Gardiner, Neeme Järvi, Seiji Ozawa, Daniel Barenboim, Andrey Davis, Zubin Metha, Sir Colin Davis, Sir Simon Rattle, Bernard Haitink, Yejudi Menuhin, Riccardo Muti, Claudio Abbado, Philippe Herreweghe, Marek Janowski, Valerij Gergiev, Pierre Boulez, James Levine y Leif Segerstam.

Algunos críticos la han comparado con Elizabeth Schwarzkopf por su interpretación de la versión de las Cuatro últimas canciones de Richard Strauss. Nosotros pensamos que Soile Isokoski representa la esencia misma del espíritu musical de Finlandia y tiene su propia personalidad, sin mixtificaciones. Expresiva en la música nativa, lo ha puesto de manifiesto, por ejemplo, en la interpretación de obras de Jean Sibelius, Aulis Sallinen y Einojuhani Rautavara, en las que ha actuado bajo la dirección de Jukka-Pekka Saraste, Esa-Pekka Salonen, Okko Tapani Kamu y Sakari M. Oramo.

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Alexander Stubb es uno de los políticos más relevantes de la Finlandia del siglo XXI. Desde hace unos días es el nuevo primer ministro, cargo en el que ha relevado a Jyrki Katainen, otra destacada figura, que renunció tras su nombramiento como responsable de Asuntos Económicos de la Comisión Europea. Y como no hay dos sin tres, Katainen –a quien conocimos en uno de sus viajes a Madrid– ha tomado el relevo a Olli Rehn, un político más veterano e implacable. En poco tiempo, a decir verdad, tres políticos finlandeses dejan su impronta en el quehacer de la Unión Europea en momentos complejos.

Alexander Stubb (Helsinki, 1968) goza de una gran popularidad en Finlandia. Se define como un liberal internacional y suya es la frase “la política nacional no es lo mío. La política internacional, sí lo es”. Ahora toca lidiar en casa. Una parte de su formación la ha hecho en EE.UU., en La Sorbona (Francia), Master of Arts en Asuntos Europeos por el Colegio de Europa en Bélgica y doctor en Filosofía por la London School of Economics. Es políglota, pues habla cinco idiomas: inglés, francés y alemán, además de los nativos, finlandés y sueco. Columnista habitual en varios periódicos, ha publicado nueve libros sobre la Unión Europea, tiene un blog y participa activamente en las redes sociales. Está casado con una abogada británica y es padre de dos hijos.

Alexander Stubb (Helsinki, 1968), nuevo primer ministro de Finlandia

Stubb es un viejo conocido en la Unión Europea, a cuya consolidación ha dedicado notables esfuerzos desde tiempo. Entre 1999 y 2001 fue investigador especial en la representación de Finlandia en la UE, así como miembro de la delegación del Gobierno finlandés en las negociaciones intergubernamentales para el Tratado de Niza. En 2000 fue nombrado profesor en el Colegio de Europa y un año después se convirtió en asesor del presidente de la  Comisión Europea, que era entonces Romano Prodi y miembro del Grupo de Trabajo de Comisión sobre la Convención Europea. En 2003 formó parte de la representación de Finlandia en la UE como experto en las negociaciones intergubernamentales referidas a la Constitución Europea.

Alexander Stubb es miembro del Partido de Coalición Nacional, que forma parte del Partido Popular Europeo. En 2004 fue elegido eurodiputado y en los cuatro años siguientes se convirtió en uno de los miembros más activos, dinámicos y conocidos del Parlamento europeo. Formó parte de la Comisión de Control Presupuestario y vicepresidente en la Comisión de Mercado Interior y Protección del Consumidor, así como suplente en la Comisión de Asuntos Constitucionales y la Delegación Parlamentaria Mixta UE-Turquía.

El mismo día que cumplía 40 años –1 de abril de 2008–el Gobierno finlandés anunció que Stubb sería nombrado ministro de Asuntos Exteriores, en sustitución de Ilkka Kanerva. El acuerdo fue unánime, dada su demostrada competencia. En 2011 asumió la cartera de Comercio Exterior de Finlandia, cargo que ha desempeñado hasta el pasado mes de junio, en que se presentó a la elección para primer ministro, para la que obtuvo 98 votos a favor y 76 en contra. Paralelamente fue elegido líder de la Coalición Nacional. Tiene por delante una misión clara: recuperar una economía vacilante. Por lo pronto ha anunciado un paquete de estímulo de 1,1 millones de euros en cinco años, en contra de la política de austeridad de los años precedentes. Tiene por norma la transparencia y el diálogo abierto y honesto. Premisas de trabajo ya conocidas en Finlandia para un nuevo tiempo en el espacio político, económico y social.

Teatro Alexander

mayo 5, 2014

Juan Carlos Díaz Lorenzo

La ciudad de Helsinki conserva notables edificios de la época en la que fue la capital del Gran Ducado de Finlandia, la que corresponde a los zares rusos. Los más destacados conforman la Plaza del Senado, pero existen otros que son claros ejemplos de aquel tiempo, preludio de lo que después sería la soberanía de un país que ya se aproxima al centenario. Uno de esos edificios notables es el Teatro Alexander [Aleksanterin teatteri], conocido también como el Teatro Ruso, situado en la calle Bulevardi.

En el verano de 1875, el gobernador general del Gran Ducado de Finlandia entre 1866 y 1881, el conde Nikolai Adlerberg, gran aficionado a las artes, obtuvo autorización del zar Alejandro II para la construcción de un teatro destinado a los rusos que vivían en el país, principalmente militares y funcionarios. Ideado por el teniente coronel Petr Petrovich Benard, el proyecto fue encargado al arquitecto Jeronim Osuhovsky, conocido por sus trabajos en St. Petersburg y las obras dieron comienzo en abril de 1876, supervisadas por el coronel ingeniero Johan Jacob Ahrenberg.

Fachada principal del Teatro Alexander, exponente del Gran Ducado de Finlandia

La decoración fue encomendada al artista finlandés Severin Falkman. Las pinturas del techo representan a doce cupidos y su diseño ejemplifica la notable influencia del mencionado arquitecto, que tiene una de sus obras más notables en el Teatro Mariinsky, en la antigua capital zarista. De la acústica y la maquinaria del escenario se ocupó Iosif Vorontsov. La sala del teatro es rectangular y tiene un aforo de 500 espectadores. Llama la atención el pórtico, de considerables dimensiones, pensado para el resguardo ante las inclemencias meteorológicas.

Los ladrillos para la decoración del edificio llegaron desde una fortaleza del archipiélago Aland, lo que explica en parte la rapidez de su construcción. En octubre de 1879 habían finalizado las obras y en febrero de 1880 se celebró la ceremonia de su bautizo en honor del zar Alejandro II. Unos días después, el 30 de marzo, se representó “Fausto”, de Charles Gounod. A partir de entonces llegaron a la capital finlandesa compañías de teatro, ópera y música lírica de Suecia, Estonia, Rusia, Alemania e incluso de Italia.

El pórtico del teatro tiene unas dimensiones considerables

En 1896 se representaron Payasos, de Ruggiero Leoncavallo y Caballería rusticana, de Pietro Mascagni, unos pocos años después de sus respectivos estrenos en Italia. Entre 1904 y 1906 varias de las principales óperas representadas en Helsinki fueron de Richard Wagner, gracias a los esfuerzos de la cantante Maikki Järnefelt, el compositor y director de orquesta Armas Järnefelt y el empresario Edvard Fazer.

Armas Järnefelt (1869-1958), hijo de militar, fue el primer compositor finlandés que dirigió las óperas de Richard Wagner en su país. Había aprendido piano en Helsinki con el profesor Ferruccio Busoni y en París, con Jules Massenet. Tras dirigir diversas orquestas en Alemania, regresó a Finlandia, donde dirigió la Ópera y el Instituto de Música de Helsinki. Mantuvo relaciones familiares con el gran Jean Sibelius –cuyas obras forman parte de la historia del Teatro Aleksander–, pues contrajo matrimonio con su hermana Aino.

El Teatro Alexander de un referente clásico de la historia cultural de Finlandia

Recién lograda la independencia, la Ópera y el Ballet de Finlandia –más tarde convertida en la Ópera Nacional de Finlandia– se trasladaron al Teatro Alexander, en el que sería su sede hasta 1993. Allí tuvimos ocasión de asistir en noviembre de 1992, con motivo de nuestro primer viaje a Finlandia, a una representación de “El lago de los Cisnes”, obra de Chaikovskiy. En el mencionado año 1993, cuando abrió sus puertas la actual sede de la Casa de la Opera a orillas de la bahía de Töölö, el histórico teatro exponente del siglo XIX recuperó su carácter local y en la actualidad mantiene su personalidad de escenario de referencia en la apacible y culta Finlandia.

Desde 2005, el teatro está gestionado por la asociación Buleverdin Theatre. En la actualidad acoge representaciones de ópera, ballet, teatro, comedia, danza y permite el ejercicio de los grupos profesionales y amateurs. En él tienen su sede la Tero Saarinen Company, Tanssin tiedotuskeskus (Información de Danza), Nomadi tuotanto (Producción Nomad), MAD Tanssimasterit, Gruppen Fyra, Katrilli, Ismo Dance Company y Baile Attic. Tiene cafetería, oficinas y otras habitaciones. Las suites reservadas para el zar están disponibles en alquiler.

Fotos: Juan Carlos Díaz Lorenzo

Porvoo

enero 13, 2014

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Aunque Helsinki es la ciudad más conocida de Finlandia y la más importante de la región de Uusimaa, existe otra población que es la segunda más antigua del país después de Turku y se llama Porvoo [Borgå, en sueco, río del castillo]. Visita muy recomendable en cualquier estación del año, aún en el crudo invierno, pues la zona residencial del casco antiguo con sus casas de madera y calles adoquinadas en ordenada mesura visual tiene un encanto especial, cuyo disfrute nos hace evocar vivencias y episodios de otras épocas. Está situada a unos cincuenta kilómetros de la capital del país y en verano es posible llegar a ella a bordo de uno de los históricos vapores de proa recta, popa de espejo y máquina de vapor que operan desde Helsinki, a modo de reminiscencias de otra época de la navegación.

Desde 1380 ostenta el título de ciudad, si bien algunas fuentes sitúan la fecha de su fundación en 1346, cuando recibió la visita de Magnus Eriksson. Defendida por un castillo levantado sobre una colina, en sus orígenes se había convertido en sitio de descanso del Camino del Rey, conocido también como Gran Camino de la Costa. La catedral data de comienzos del siglo XIV, consustancial a la fundación de la ciudad y tiene la excepcional historia de que ha ardido en cinco ocasiones –tres de ellas en el siglo XVI–, siendo reconstruida otras tantas veces. En sus orígenes fue construida en madera y más tarde en piedra, aunque su configuración actual data de la segunda década del siglo XV, siguiendo la traza de Carsten Nubuhr. El último incendio, al parecer intencionado, ocurrió en mayo de 2006 y reabrió sus puertas en noviembre de 2008, después de dos años de trabajos de restauración.

Las calles y casas del casco histórico siguen la tradición sueca

La catedral de Porvoo ha sido seis veces destruida y otras tantas reedificada

El enclave prosperó debido al comercio y la naturaleza de su espacio físico, unida al mar por un río, por cuyo cauce pasaban los barcos que traían las mercancías procedentes de Europa que iban hacia el norte y, a la inversa, confluían las pieles y otros productos que se vendían en Tallin y Europa central.  Ello atrajo a comerciantes alemanes que formaron la burguesía local e implantaron el esquema arquitectónico que conocemos en la actualidad, además de la organización social y administrativa con un mercado y un ayuntamiento.

La tradición dice que las casas rojas de la costa se pintaron así en honor a la llegada de Gustavo III, rey de Suecia. Convertidas en almacenes de ribera de un puerto medieval, por ellas han pasado cantidades ingentes de sal y otros productos. En el siglo XVI le fueron concedidos derechos propios de exportación, que se prolongaron durante parte de la centuria siguiente, favorecido por el auge del comercio de la mantequilla, la madera, el pescado seco, el lino y el alquitrán. La euforia duró hasta que ese tráfico mercantil fue desviado al puerto de Helsinki. 

Sede del Ayuntamiento de Porvoo

Las casas del casco antiguo de Porvoo siguen la tradición sueca

La sede del episcopado de Viipuri se trasladó a Porvoo cuando aquélla pasó en 1723 de manos suecas a rusas, lo que nos da una idea de su importancia. En 1725 abrió sus aulas la escuela secundaria y en 1728 se inauguró la biblioteca pública, que es en la actualidad la más antigua de Finlandia. En 1740 tenía una población de 1.600 habitantes y por entonces ya se había convertido en un referente de la cultura nacional, hasta el punto de que algunas voces pidieron abiertamente la creación de una universidad.

Después de siete siglos de unión con Suecia, la guerra iniciada en 1808 puso fin a su término a la histórica relación y en 1809 Finlandia fue anexionada a Rusia, en tiempos del zar Alejandro I. Comenzó entonces la historia del Gran Ducado, en la que Porvoo fue la sede de la Dieta, convocada aquel año, episodio que tuvo un relevante protagonismo en la confirmación de la nueva constitución finesa, que era, en realidad, una prolongación de la sancionada en 1772, cuando el dominio sueco y determinó la concesión de una considerable autonomía para el vasto territorio, incluida su religión y los derechos sobre sus fincas.

El zar Alejandro I preside la reunión de la Dieta en Porvoo (1809)

Las casas rojas de Porvoo se pintaron así en honor a Gustavo III

El zar Nicolás I, que reinó entre 1825 y 1855, quiso darle el estilo imperio a la ciudad de Porvoo y propuso deshacerse de la zona antigua, densa y con riesgo de incendios, para sustituirla por una nueva, de planta rectangular y espaciosa, a la forma que entonces imperaba en el urbanismo de nuevo cuño en Rusia. La suerte acompañó entonces a Porvoo, pues se produjo una expansión hacia el sur siguiendo las trazas de la ampliación de St. Petersburg. El encargado fue el arquitecto alemán Carl Ludwig Engel, cuya impronta en Helsinki está presente en los edificios más notables que componen la Plaza del Senado.

Desde el punto de vista cultural, Porvoo ha sido durante siglos hogar y fuente de inspiración de destacados artistas finlandeses. Algunos autores la consideran, incluso, la precursora del proceso de independencia, del crecimiento económico y de la cultura nacional del siglo XIX. Entre ellos destaca Johan Ludvig Runeberg (1852-1877), uno de los poetas más brillantes del país, cuya casa natal está convertida en museo desde 1882. Runeberg es el autor de la letra del himno nacional finlandés, “Maame” (“Vårt Land”, “Nuestro país”) y una marcha militar titulada “Porilaisten marssi”.

Acceso a la casa museo del poeta Johan Ludvid Runeberg

Una de las estancias de la casa museo de J.L. Runeberg

Otro de los grandes artistas nacidos en Porvoo fue el gran pintor Albert Edelfelt (1854-1905). Su padre era arquitecto y en su casa se respiraba una gran admiración por la persona y obra de Runeberg, amigo de la familia y Engel. Edelfelt se inspiró con frecuencia en escenas de la historia de Finlandia y fue uno de los primeros artistas nacionales que consiguieron fama internacional. Estudió en Amberes (1873-1874), París (1874-1878), donde su obra fue muy apreciada y San Petersburg (1881.1882). Figura entre los fundadores del movimiento artístico realista en Finlandia y apadrinó a un joven llamado Akseli Gallen-Kallela, otra gloria nacional.

Hemos de mencionar al escultor Ville Vallgren, autor de una “Cabeza de Cristo” que ganó medalla de oro en la Exposición Universal de 1889. Walter Runeberg, hijo de Johan Ludvig, también fue un escultor reconocido dentro y fuera de las fronteras de Finlandia. Lennart Segerstråle, conocido por sus piezas monumentales, también trabajó en Porvoo a comienzos del siglo XX. Del mismo modo que el trabajo de Louis Sparre, uno de los pioneros del diseño finlandés, permitió la puesta en marcha de la fábrica de mobiliario Iris. La cerámica de A.W. Finch tiene en Porvoo sus orígenes y la lista suma más nombres, que detallaremos en otra oportunidad.

El invierno finlandés deja en Porvoo imágenes idílicas como ésta

Las calles y los tejados cubiertos de nueve se convierten en atractivo

A seis kilómetros del centro de la ciudad de Porvoo se encuentra el hotel Haikko Manor, que es una antigua casona conocida como señorío de Haikon Kartano. El proyecto del edificio corresponde a la autoría del arquitecto Armas Eliel Lindgren (1874-1929) y las obras finalizaron en 1913. El alojamiento y el servicio son excelentes y, además, ofrece tratamiento de spa, piscinas, saunas, equipos muy modernos y centro de conferencias. Muy cerca se encuentra el museo estudio de Albert Edelfelt. 

El casco histórico es una muestra de la perfecta simbiosis entre lo antiguo y lo nuevo y sus tiendas y cafeterías son muy conocidas en todo el país, convirtiéndose en un atractivo nacional. A ello ha contribuido la reorganización administrativa, efectiva desde enero de 1997, en la que la ciudad vieja y la nueva y la municipalidad rural de Porvoo se unieron en una sola y con la combinación de sus recursos, se ha convertido en un espacio cada vez más atractivo para personas y empresas.

Fotos: m-eralp, Beckstet, Henrik Kettunen, planetware.com, Petri Krohn, ruthlandesa.com y maisemakuva.net

Juan Carlos Díaz Lorenzo

El sentimiento nacionalista finlandés vivía desde la mitad de la década de los años treinta del siglo XIX un primer periodo de esplendor, sobre a partir de 1835, con la aparición del extenso poema épico Kalevala, recopilado por Elías Lönnrot e inspirado, en buena parte, en los cantos populares de los bardos carelianos. Al mismo tiempo, el poder ruso estimuló el empleo del idioma finés como fórmula para contrarrestar la influencia cultural sueca, lo que llevó a la reforma de la enseñanza, de modo que el idioma finés se convirtió en el segundo idioma oficial.

Todo ello tendría un precio. El despertar de la conciencia nacional finesa tardaría su tiempo en colisionar frontalmente con el carácter autocrático del régimen zarista y provocaría un endurecimiento de las relaciones con el paso de los años. Encontramos algunos ejemplos significativos del deterioro de la situación. En febrero de 1899, y a instancias del gobernador Brobikov, un manifiesto del zar suprimiría el ejército finlandés e impondría el ruso como idioma de la administración.

Finlandia celebra hoy el 96º aniversario del Día de la Independencia

Esta situación se prolongaría hasta 1905, cuando la revolución rusa produjo una cierta flexibilización, que se tradujo un año después en una reforma parlamentaria basada en el unicameralismo y el sufragio universal. La mujer finlandesa obtuvo el derecho al voto, siendo Finlandia el primer país europeo y el segundo en el mundo en otorgarlo. Sin embargo, en 1907, el éxito de los socialistas en las elecciones de aquel año, provocó la intensificación de la represión y la “rusificación”.

El 6 de diciembre de 1917, aprovechando el fin del Imperio ruso –el Gran Duque Nicolás II había abdicado el 15 de marzo del citado año– y la actitud benévola del nuevo gobierno bolchevique, el Senado finlandés declaró la independencia [Suomen itsenäistyminen] del país como república soberana, al entender que la unión hasta entonces existente entre Rusia y Finlandia había perdido su base legal. Las negociaciones a la propuesta aprobada por el gobierno interino fue transformada en la denominada Acta de Energía [Valtalaki] en la que se reconoce el control sobre los poderes legislativos, a excepción de la política exterior y los asuntos militares y la disolución por sí misma. Cuando llegó el momento de la votación, la ley no fue aprobada, se ordenó la disolución del Parlamento y, contra todo pronóstico, se mantuvo el Gobierno provisional.

Hubo nuevas elecciones en las que el gobierno provisional resultó derrotado y el 5 de noviembre el Parlamento se autodeclaró como “poseedor de la autoridad suprema del Estado” en Finlandia, al amparo de lo establecido en el articulado del Instrumento de Gobierno de 21 de agosto de 1772, aprobado después del golpe de estado incruento del rey sueco Gustavo III.

Los acontecimientos se sucedieron a velocidad vertiginosa. El 15 de noviembre, los bolcheviques declararon el derecho general a la autodeterminación, así como el derecho de secesión para los pueblos de Rusia y en ese mismo día el Parlamento finlandés proclamó una declaración en la que asumía todos los poderes del antiguo soberano en Finlandia. Pero se entendió, entonces, que ese instrumento legal ya estaba desfasado –pese al apoyo que había recibido durante mucho tiempo por parte de la nobleza y los círculos que habían mantenido la monarquía– y se abogó por una constitución republicana.

La Declaración del 15 de noviembre dice, explícitamente, que

“el pueblo de Finlandia, por este acto, tomó su destino en sus manos: una medida justificada y demandada por las condiciones actuales. Los habitantes de Finlandia sienten que no pueden cumplir con su deber nacional y las obligaciones humanas universales, sin una completa autonomía. El deseo de un siglo de antigüedad por la libertad espera ahora su cumplimiento, el pueblo de Finlandia tiene que dar un paso adelante como nación independiente entre las demás naciones del mundo”.

(…) las personas de Finlandia osan esperar que las demás naciones del mundo reconozcan que con su plena independencia y la libertad del pueblo de Finlandia se puede hacer lo mejor para el cumplimiento de los fines que les ganen una posición independiente entre la gente del mundo civilizado”.

(…) El gobierno se acercará a las potencias extranjeras para buscar el reconocimiento internacional de nuestro país como estado. En este momento esto es especialmente necesario cuando la grave situación causada por completo al país con el aislamiento, el hambre y el desempleo obliga al Gobierno a establecer relaciones efectivas con los potencias extranjeras, lo que ayuda pronto en satisfacer las necesidades de la vida y la importación de los bienes esenciales para la industria, es nuestro rescate sólo de la hambruna inminente y el estancamiento industrial”.

El histórico documento tiene estampada la firma de los senadores P.E. Svinhufvud, E.N. Setälä, Kyösti Kallio, Jalmar Castren, Onni Talas, Arthur Castren, Heikki Renvall, Juhani Arajärvi, Alexander Frey, E.Y. Pehkonen y O.W. Louhivuori.

El 18 de diciembre de 1917, doce días después de la declaración de la independencia, el gobierno ruso emitió un decreto en el que reconocía el nuevo estatus de la República de Finlandia, cuyo primer ministro fue Pehr Evind Svinhufvud, que ocupó dicho cargo en su primer mandato entre el 27 de noviembre de 1917 y el 27 de mayo de 1918. El primer presidente de la República, Juho Stahlberg (1865-1951), del Partido Progresista Nacional, ostentó la máxima magistratura nacional entre 1919 y 1925.

La nueva situación sería reconocida en el Tratado de Brest-Litovsk, firmado el 3 de marzo de 1918 en la ciudad polaca de dicho nombre, entonces bajo soberanía rusa, entre el Imperio alemán, el Imperio Austro-Húngaro, Bulgaria, el Imperio otomano y la Rusia soviética. En el Tratado, Rusia renunciaba a Finlandia, Polonia, Estonia, Livonia, Curlandia, Lituania, Ucrania y Besarabia, que a partir de entonces quedaron bajo el dominio y el control social y económico de los Imperios centrales. Al mismo tiempo entregó Ardahan, Kars y Batumi al Imperio otomano y Alemania consiguió reforzar el frente occidental con efectivos orientales.

Sin embargo, la derrota alemana en la Gran Guerra anuló el Tratado y sólo Finlandia y Turquía, sucesora del Imperio otomano, conservaron los territorios fruto del citado acuerdo. En el artículo 6º del Tratado se dice que Rusia debe desocupar Finlandia y las islas Aland, incluyendo sus puertos. “Si el hielo no permite que los barcos rusos dejen los puertos, debe dejarse una tripulación mínima en los mismos”, del mismo modo que las citadas islas “no deben volver a ser fortificadas”.

Sin embargo, el recién iniciado camino estaba sembrado de espinas entre los propios finlandeses, denominados “rojos” [punaiset], los apoyados por la Rusia bolchevique y “blancos” [valkoiset], los que apoyaba el Senado controlados por los conservadores y que pretendían mantener la independencia y estaban respaldados por el Imperio alemán. En los cinco primeros meses de 1918, Finlandia conoció una breve pero amarga guerra civil, que marcó la escena política del recién nacido país durante bastante tiempo. Pero esa es otra historia, de la que nos ocuparemos en otro momento.

Karita Mattila

noviembre 14, 2013

Juan Carlos Díaz Lorenzo

Karita Mattila es una de las cantantes más relevantes de su generación en la lírica contemporánea de Finlandia. Su acusada personalidad y la reconocida belleza y versatilidad de su voz, unido a su intensidad como actriz en la escena, le han convertido en un referente a nivel internacional. Además, su nombre y su brillante trayectoria están asociados a la identidad del país nórdico y la imagen de excelencia y eficiencia que le caracteriza.

Karita Mattila (Somero, 1960) se formó en la Academia Sibelius, de Helsinki, de la mano de la prestigiosa soprano Liisa Elina Linko-Malmio –toda una institución en Finlandia, hija del pianista Ernst Linko y de la cantante Lahka Linko– y después, y por espacio de casi dos décadas, amplió su estudios en Londres con Vera Rozsa, maestra de otras destacadas sopranos como Kiri Te Kanawa y Anne Sofie von Otter. Karita Mattila tiene un sentido innato del drama y una fuerza artística influyente en el desarrollo de las nuevas generaciones musicales de su país.

La soprano Karita Mattila es una de las grandes voces de Finlandia

El éxito le llegó pronto y mantiene una presencia frecuente en los principales teatros y festivales de ópera del mundo, en los que ha actuado bajo la batuta de los directores James Levine, Claudio Abbado, sir Colin Davis, Christoph Von Dohnanyi, Bernard Haitink, Antonio Pappano, Simon Rattle, Donald Runnicles, Wolfgang Sawallisch y su destacado paisano Esa-Pekka Salonen. Posee una acreditada trayectoria en obras de autores como Verdi, Puccini, Mozart, Beethoven, Tchaikovsky, Janácek, Strauss y Wagner.

En 1983 ganó el primer premio Cardiff Singer of the World y en 1986 debutó en el Royal Opera House (Covent Garden) de Londres, en el papel de  Fiordiligi en Cosi fan Tutte. En 1990 hizo su debut en el Metropolitan Opera House de Nueva York  como Doña Elvira en Don Giovanni. Ha tenido actuaciones memorables en otros escenarios de prestigio, caso del Théâtre du Châtelet y Opéra Bastille en París; Lyric Opera de Chicago, Opera de San Francisco, Houston Grand Opera, Wiener Staatsoper, Festival de Salzburgo y Deutsche Oper Berlín.

En 1995 debutó con gran éxito en el Teatro Colón de Buenos Aires con Simón Boccanegra junto a José Van Dam, Lando Bartolini y Ferruccio Furlanetto, con puesta en escena de Giancarlo del Mónaco y dirección de Miguel Ángel Veltri. En 2004, su primera representación como Salomé en el Metropolitan Opera House de Nueva York, en la ópera de Strauss, causó auténtica sensación y un gran impacto.

La crítica especializada también le trata muy bien. Después de su intervención en el papel de Katya Kabanova, el periódico New York Press escribió: “Cuando la historia del Metropolitan Opera en la era del milenio sea escrita, Karita Mattila merecerá un capítulo entero”. Y está en posesión de varios reconocimientos importantes, entre ellos el nombramiento de Chevalier des Arts et des Lettres (2003), de la República de Francia.

La producción discográfica de Karita Mattila también es notable. En ella podemos deleitarnos con Vier letzte Lieder de Strauss con Claudio Abbado, arias y escenas de las óperas de Puccini, Verdi , Janácek, Tchaikovsky, Wagner y Strauss; arias románticas alemanas de Beethoven, Mendelssohn y Weber con sir Colin Davis; Grieg y Sibelius, canciones con Sakari Oramo, grabaciones completas de Die Meistersinger von Nürnberg con el fallecido sir Georg Solti; Jenufa con Bernard Haitink, y Gurrelieder de Schönberg y la Sinfonía No. 14 de Shostakovich, con Sir Simon Rattle.

Entre otras actuaciones recientes hemos de destacar su papel de Leonore en Fidelio, en el Houston Grand Opera; Emilia Marty en el Caso Makropoulos en el Metropolitan Opera y San Francisco Opera; el papel principal de Janácek Katya Kabanova en la Lyric Opera de Chicago, Lisa en Dame Pique en el Metropolitan Opera House de Nueva York, apariciones en conciertos con la Orquesta de Filadelfia, la Filarmónica de Nueva York y la Filarmónica de Berlín con sir Simon Rattle, y recitales en el Festival Internacional de Edimburgo y el Carnegie Hall, en Nueva York.

Otras actuaciones destacadas de la temporada 2012/13 incluyen los papeles de Emilia Marty en El caso Makropoulos en la Ópera Nacional de Finlandia, el papel principal de Jenůfa en la Bayerische Staatsoper, de Munich; Vier letzte Lieder de Strauss con la Orquesta Gulbenkian de Lisboa; conciertos con la Orquesta Filarmónica de Londres y el Orquesta Filarmónica Checa y recitales en Londres, Amsterdam, Burdeos, Toulouse, Zurich, París y varias ciudades EE.UU. A corto plazo podremos disfrutar de la voz de Karita Mattila en el Royal Opera House de Nueva York y Metropolitan Opera, en los papeles de Wozzeck y Marie en el papel protagonista de Ariadne auf Naxos y Jenůfa.

Foto: Lauri Eriksson

Un taburete octogenario

octubre 9, 2013

Juan Carlos Díaz Lorenzo

En el próximo mes de noviembre se cumplirán 80 años de la presentación oficial en Londres del taburete Stool 60, un diseño del gran maestro de la arquitectura finlandesa Alvar Aaltodel que se han vendido unos ocho millones de ejemplares. El taburete está íntimamente relacionado con la personalidad innovadora de su autor, interesado no sólo en la aplicación funcional de la arquitectura, sino en la sencillez y utilidad de los muebles y su perdurabilidad en el tiempo.

De la observación y de su ingenio surgió un nuevo diseño en el que la madera se curva 90 grados mediante la aplicación de calor y vapor y se sustenta sobre tres patas. Ello permite que se pueda apilar con facilidad, uno encima de otro, con el consiguiente ahorro de espacio. Está hecho en madera de abedul, el más común de los árboles de Finlandia y cuando se presentó el sencillo diseño causó auténtica sorpresa, pues acostumbrados en Inglaterra a las innovaciones, de pronto quedaron sorprendidos ante la sencillez y funcionalidad del mueble nacido en la entonces lejana Finlandia.

El taburete de tres patas diseñado por Alvar Aalto es un referente del diseño finlandés

La herencia del diseño de Alvar Aalto está presente en muchos hogares finlandeses. En 1935, junto a su esposa Aino, fundó la empresa Artek, proyecto en el que también participaron Maire Gullichsen, promotora de artes visuales y Nils-Gustav Hahl, historiador del arte. Artek sigue vigente casi ochenta años después y recientemente presentó una serie de ediciones especiales del taburete Stool 60 –que se cotiza a razón de 220 euros la unidad– y se reeditó una serie vintage en varios colores.

El museo de Alvar Aalto, situado en la ciudad de Jyväskyla, celebra el 80º aniversario del taburete con una exposición en la que hilvana su historia con todo detenimiento.  Ochenta años son muchos años en el mundo del diseño y la respuesta a la pregunta de por qué ha perdurado tanto tiempo un mueble tan sencillo se debe a su genialidad. Timo Penttilä (Artek 2nd Cycle) lo define como “simplemente genial. Fue revolucionario en su momento y resistió la prueba del paso del tiempo” y lo describe como algo “simple, hermoso y funcional”.

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